El otoño había embellecido Vrindavan. Las aguas eran claras, la brisa llevaba el aroma de los lotos y entre los árboles se oían pájaros y abejas. Krishna entró en el bosque con Balarama y los muchachos pastores; las vacas caminaban delante de ellos. En medio de aquella escena llena de vida y serenidad, alzó la flauta y comenzó a tocar.
Las gopīs oyeron la música desde el pueblo. La reconocieron y empezaron a hablar entre ellas de Krishna. Recordaron la pluma de pavo real en Su cabello, Su ropa amarilla, Su guirnalda y los amigos que caminaban a Su lado. Lo que para otros podría parecer un día corriente de pastoreo se convirtió para ellas en un momento que no querían perderse.
En el canto de las gopīs, todo Vrindavan responde a la flauta. Los pavos reales bailan, los ciervos miran con ternura, las vacas levantan las orejas y los pájaros se posan en las ramas para escuchar en silencio. Las gopīs incluso se preguntan cuán afortunada debe de ser la propia flauta por permanecer tan cerca de Krishna.
El relato no termina con un gran acontecimiento. Krishna sigue guiando a las vacas, y las gopīs siguen escuchando y recordando. En sus palabras, el simple sonido de una flauta se convierte en una manera de percibir el amor con que Vraja Lo recibe.
